Última jornada en Can Toh, nuestro destino más al sur, que gastamos preparando los macutos, dando una vuelta por la villa para acabar visitando nuevamente el Mekong. Una simpática barquera del lugar será la conductora y guía. Nuestro destino es un corto recorrido por los canales más próximos alrededor de la isla de Con Au. La isla es una lengua de tierra inserta en el torrente del río repleta de plantaciones y sin apenas habitantes o construcciones. Un vergel de frutas tropicales, donde todo crece en abundancia y tamaño.
Difícil expresar la sensación de antiguo expexicionario que invade al visitante en la navegación por los canales, ausencia de "civilización" y una explosiòn de naturaleza que todo lo invade. Sensación aumentada en los momentos en que la conductora apaga el motor y nos deja a merced del sonido del agua, los pájaros y la nada.
Regresamos a tierra y hacemos tiempo por los alrededores del hotel. En unas horas nos ha de recoger el transporte hasta la estación de guaguas donde tomaremos la que realiza el trayecto nocturno hasta Dalat, nuestro siguiente destino. Este servicio nos permite recorrer los 600 kms que separan ambas localidades mientras dormimos. La guagua está prepada con unos asientos en litera que se tumban casi horizontalmente y permiten domir muy cómodamente....si se tienen las medidas standard de un vietnamita. En mi caso, la parte donde tienen que encajar las piernas, encaja pero literamente, de manera que debo enrrollarme como puedo en posición fetal.
Así todo consigo dormir bastante bien, incluso a pesar, de los baches que de tanto en tanto toma la guagua que gracías a lo encajado que voy no acabo en el culo de la otra litera. Por la ventanilla solo se ven luces que pasan a toda velocidad y pequeñas poblaciones que se van quedando atrás. De vez en cuando, el conductor acciona la bocina. Ese deporte nacional que si fuera olímpico convertiría a Vietnam en una potencia referente.
A eso de las 6:00 de la mañana llegamos a Dalat, al no tener hotel concertado, el transporte nos deja en el centro de la ciudad pero con ayuda de la guía de Lonely Planet conseguimos encontrar un coqueto y còmodo (y barato) hotel en apenas unos minutos.
Hemos empleado la jornada en recorrer las calles y mercados de esta bonita ciudad fundada por los colonos franceses allá por el siglo XIX y que, gracias a un acuerdo entre los combatientes, no fue atacada en la guerra. Así se conservan miles de pequeñas viviendas y edificios que le dan un aire afrancesado y europeo, tanto que en su centro se halla coronada por una réplica del a Torre Eiffel.
Se encuentra enclavada en una zona de montaña y se accede a ella a través de un paso de montaña a unos 1700 metros de altura. Eso ha permitido dejar atrás el agobiante, pegajoso y estresante calor del Mekong, ese que te abrazaba nada más salir de la acondicionada habitación del hotel, para tenerte sudando hasta la vuelta. Un paisaje más abrupto, montes de coníferas y una naturaleza que otorga productos muy distintos a los del sur, las verduras, frutas cítricas, las flores, la seda y las uvas son la bandera de las tierras de Dalat y alrededores.
Algo que se capta a poco que uno sea algo observador es como van cambiando las formas humanas a medida que se cambia de región, así en el sur se apreciaba una fuerte componente china y jemer, fruto del pasado migratorio de unos y la dominación de Camboya de la tierras del Mekong en el segundo. En Dalat conviven varias etnias como los Chams o los Koho y eso se nota en sus caras y en sus ropas.
Mañana toca salir a visitar esas zonas rurales y a las personas que las habitan. El equipo a punto para intentar mostrar lo mejor que podamos el resultado de esta aventura.
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