lunes, 11 de noviembre de 2013

La odisea de la guagua...

Tras un período de meditación, observación de variantes y circunstancias de aproximadamente 20 minutos, dedicimos en el desayuno, a qué ciudad del Mekong dirigirnos. Can Tho. Situada en uno de los tantos brazos en que este inmenso y caudaloso río que nace en el Tibet vierte sus marrones aguas en el Mar del Sur de China. Sin ser la ciudad más importante si que se encuentra en una situación que permite el acceso a uno de los lugares que me han traído hasta aquí, los mercados flotantes de Phong Dien y Cai Rang. 

Cargados los petates y emprendemos rumbo. Coger la guagua no es tan sencillo como ir a la estación, comprar un billete y listo. Primero debemos ir en taxi hasta una oficina donde se adquiere el billete al destino, luego una guagua nos saca de la ciudad hasta la estación central de guaguas situada en el extrarradio y ahí se toma ya la guagua a la ciudad elegida.

En un rato estamos en una guagua rodeada de motos por las alocadas calles de Saigón, si las motos no se detienen ni miran a los lados podrán hacerse la idea de como se va en un vehículo de tales dimensiones, es el capo de la calle. En cada cruce y en cada movimiento parece que se va a llevar por delante a diez motos. Entre giros, cambios, trinchonazos y mil toques de bocina llegamos a un enorme recinto que alberga guaguas de mil colores y compañías que ocupan el espacio con la curiosa manera que tiene esta ciudad de ordenar las cosas.

Cambiamos de vehículo y para nuestra sorpresa la guagua es un cúmulo de comodidades. Además del conductor hay dos auxiliares que reparten agua y toallitas húmedas a los usuarios y apunta los destinos de cada uno para luego avisarles a tiempo. Como entretenimiento tenemos red wifi y una tele de considerables dimensiones donde se proyectan unos videos musicales. Algo así como Pimpinela pero en vietnamita con ese cadente y al tiempo exasperante sonidito de restaurante chino. Una bella cantante y un no menos bello cantante (tanto que es difícil distinguir la diferencia de género) teatralizan sus amoríos para deleite de los usuarios que no pierden detalle.

Avanzamos unos kms y el conductor detiene la marcha. A un lado de la carretera, nadie se inmuta mientras él y sus auxiliares salen fuera, se oyen compuertas que se abren y cierran en la parte trasera. Vuelta a la guagua, arranca el motor....y seguimos. Transcurridos unos kms más debe repetirse la operación, bajar, ruidos, subir, arrancar, seguir. Entre molestos toques de claxòn que se repiten cada metro recorrido sin que se aprecie funcionalidad ninguna vamos cubriendo kms.

Una vez que la ciudad queda detrás se abren paisajes de praderas de arrozales solo interrumpidos por cúmulos de palmeras y plataneras. Las viviendas se esconden tras oasis de palmeras para dejar el exterior a verde tapiz del cultivo que hace rica hasta zona del país. Llama la atenciòn que salpicadas por el campo hay lápidas, no cementerios, sino alguna lápida aislada y grupos de no más tres-cuatro juntas, relativamente cercanas a las casas pero dentro de los arrozales. Las cuadrículas en barbecho permanecen inundadas de agua sobre la que se reflejan las palmeras y el azul y blanco del cielo. 

Alcanzamos zonas de canales, algunos estrechos como riachuelos y otros anchos como mares. Casas de hojalata entierran sus patas sobre el cieno de las lenguas de agua. La herrumbre de los techos, el marrón de las aguas salpicadas del verde de los nenúfares que flotan sobre ellas y las alargada embarcaciones con techos de lona que recorren arriba y abajo el curso del río.

A mitad del camino, uno de los "azafatos" toma un micrófono y explica a saber qué. Resultado es que la guagua entra en otra estación por lo que comprendemos que hay tiempo para hacer un descanso. La estación es un gran hangar con asientos en el medio, servicios y multitud de tiendas donde comprar y comer de todo. Un dato curioso para los que piensan que viajamos al tercer mundo, la estación simple, funcional, correcta le da mil vueltas a la estación de Santa Cruz, donde no hay ni donde sentarse. Como cada sitio en este país, la estación es un ejercicio de dinamismo y vida, un ir y venir de todos lados y todo el mundo comprando algo.

Finaliza el receso y volvemos a tomar ruta...por unos pocos kms. Algo vuelve a fallar, sigue sin inmutarse nadie, desfile de conductor y auxiliares fuera, golpes, vuelven, arrancan, vuelven a bajar, se para otra guagua delante, baja el conductor y se establece un diálogo entre ambos, explicaciones, una llamada de teléfono, arranca....y seguimos. A falta de 30kms para Ca Tho, otra parada, esta vez junto a cuatro casetas al borde de la carretera. Al apagar el motor se acaba el aire acondicionado, así que en un momento todos los pasajeros están fuera sentados a la sombra.  El conductor y sus asistentes se bajan y abren un portòn de la parte lateral trasera del vehículo, miran, se miran, hablan, el conductor sube, arranca, todos para arriba y seguimos.

Ya no se parará más y el conductor feliz podrá seguir su concierto de bocina por las carreteras del Mekong. Entramos en Ca Tho, la estación se haya fuera del centro, así que una furgoneta nos lleva hasta una dirección de hotel que una guía a pie de guagua nos ha sugerido. Muchos se acercan al turista, sobre todo conductores de motos que atosigan un fisco a la voz de "motobai, motobai" (motorbike) uno detrás de otro hay que ir repitiendo "no" y "gracias". Sin embargo Thoy Nga se aproxima de otra manera y nos facilita información, como la de la furgoneta que nadie nos había explicado. 

Tras dejar a los otros pasajeros, la furgoneta se planta ante la puerta de un pequeño hotel situado frente a la majestuosa estatua de Ho Chi Minh que domina el margen del río. El hotel Hay To que reune todas las comodidades por unos 18€ dìa. Tras dejar las cosas bajamos a ver el sitio. Antes en la recepción otro guía con mapa y croquis manual de colorines nos explica como ir a los mercados flotantes. El croquis resulta como el trabajo del día de la madre de un niño de 8 años profuso en colores y con dibujitos explicativos. Sin embargo, esperamos a ver si encontramos a Thoy Nga. Tras un paseo por la ribera del río, nos encaminamos hacía las calles interiores en busca de un lugar donde comer algo. Mientras en el horizontes unas nubes negras se encaminan hacía la costa,

En las proximidades del hotel encontramos a nuestra guía y concertamos el circuito de mañana. Un lugar que llama mucho la atención para hacer fotos, muchas expectativas en saber cómo se me mostrará este escenario y que puedo obtener yo del mismo.

El agua ya está aquí, como casi todas las tardes, según nos comentan. Llueve como si fuera el fin del mundo, algunos se refugian bajo los toldos pero la vida no se para. Todos siguen yendo a un lado y al otro a pie y, sobre todo, en motos. Almuerzamos en un ventorrillo próximo mientras esperamos que la lluvia nos de tregua para poder recorrer otro colorido y exòtico mercado que ocupa una de las calles paralelas al borde del río. Verduras, frutas, pescados feos como culos, sapos, ropa, todo y de todo sin mucho orden. Cae la noche, se muere el sol sobre las aguas del Mekong.

Hoy he vuelto a recibir mensajes de amigos preocupados sobre la posible llegada del tifón Haydan  a Vietnam. La primera noticia que tuve de este tremendo suceso que ha asolado Filipinas dejando miles de personas muertas, fue del exterior. Tenemos acceso a internet y a tv pero por razones obvias no tenemos comprensión para las noticias vietnamitas. Una vez recibida la noticia me empecé a mover con agencias internacionales en buscad de noticias. La fuente más fidedigna fue BBC World, ahí nos enteramos que si bien era cierto que venía hacía nuestro encuentro su curso se iba desviando a norte. Por algún afortunado motivo para nosotros ha tomado rumbo norte por la costa vietnamita hacía la provincia de Halong, ya como tormenta tropical grado uno, para meterse en el sur de China. 

Así que pueden estar todos tranquilos porque nos encontramos en el polo opuesto del país a donde pudieran haber problemas metereológicos. Muchas gracias a todos por la atención y la preocupación.

Mañana promete...

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