jueves, 7 de noviembre de 2013

y además, fotos...

Al fin escribo sentado en la habitación del hotel que nos acoge en Ho Chi Minh, después de meses de planificar y dar cuerpo a un viaje que comenzó con un "y si nos vamos a  Vietnam". Tras 20 horas danzando entre aeropuertos, esperas, controles de seguridad, traslados y aviones arrivamos al húmedo y pegajoso calor de la capital del sur del pais. Un lugar cargado de Historia a través de los siglos desde la antigua capital de la Camboya del meridional, o la capital de la Conchinchina de la dominación francesa, hasta ser símbolo de la resistencia y la derrota del invasor en el proceso de unificación nacional. El antiguo nombre de Saigón queda hoy restrigido a uno de los distritos de la ciudad, aunque sigue siendo usado por los lugareños como referencia al conjunto de la misma.

Para cruzar los más de 12000 kms que nos separan de nuestro hogar hemos recorrido medio mundo. Me quedo con la imagen, durante el vuelo a Doha, de la pantalla en la que una imagen satélite marca la posiciòn del avión en vuelo. Mientras íbamos dejando atrás el oeste la oscura noche avanzaba hacía nosotros a medida que el mundo se iba llenando de luces. Una parada técnica nos lleva a Qatar, uno de esos múltiples y diminutos emiratos surgidos a ambos lados del Golfo de Omán donde la opulencia se mide en luces y en metros verticales de hormigón, acero y vidrio.

El hall de espera para el definitivo enlace es un inmenso centro comercial en el que se puede comprar desde un souvenir para adherir a la nevera de casa de apenas unos euros de valor hasta un súper deportivo de lujo de varias decenas de miles. Ese lugar es también punto de confluencia de miles de personas que diariamente hacen escala en vuelos con destinos más al Oriente. Un trasiego de masas que deambulan de puerta en puerta en un marco de un caos perfectamente organizado. Durante unas horas somos testigos de ese ir y venir multicultural, espectadores de un escaparate de etnias de todo el mundo.

Un mundo unido y globalizado solo separado por maniqueos conceptos morales que nos convierten en intoleantes hacía todo aquello que infrinja las normas de nuestro propio ínfimo universo. Tan fácil asistir a todo este desfile de formas culturales, modos y maneras sociales, y vestimentas en esta muestra de torre de Babel para comprender cuan iguales somos todos.

Un largo recorrido en guagua nos retorna a la zona de partida. En unos minutos no somos más que otra leve luz en el inmenso cielo de los Emiratos. Una constelación de puntos de luz con mayor o más tenue destello, unidos entre sí como galaxias dibujadas sobre el negro lienzo de la nada que es el desierto; y nosotros un astoroide fuera de su órbita.

A medida que tomamos altura esa visión cosmológica se hace mayor extendiéndose a otras galaxias reticuladas por nexos lumínicos, creando un universo cada vez más y más infinito. Mientras pareciera que este pequeño asteroide abandona el centro de ese imaginario universo encaminado hacía la creciente oscuridad.

Con esa oscuridad llega el sueño, en un momento en que situar la hora exacta es un ejercicio de sumas matemáticas. Llega la mañana y un intenso halo de luz se cuela por debajo de la ventanilla del aviòn. Al abrirla mis pupilas se contraen por la fuerza de luz del nuevo día hasta casi cegarme...tras ese período de adaptación se abrea ante mi un paisaje de excepcional belleza.  Ríos y meandros de espesa y oscuras aguas que se abren camino por una verde llanura hasta alcanzar el mar para convertir el azul en marrón. Sobrevolamos Myanmar. Unos minutos más y el mapa señala que ya estamos sobre el cielo de Vietnam. Vienen a mi memoria las imágenes de las películas de mi adolescencia donde aviones cargados de muerte sobrevolaban paisajes de jungla de un país al que nunca imaginé contemplar desde esa perspectiva.

Una inmensa llanura de mil tonos verdes formada por millones de pequeñas cuadrículas intenrrumpidos por decenas de lenguas de agua en su paso al mar. Poco a poco las techumbes de colores van ocupando más y más terreno, robando al campo para hacer ciudad.

Un taxi nos lleva al corazón del distrito 1, Pham Ngu Lao, lugar que será nuestra base para conocer esta ciudad durante unos dìas (no sé cuántos aún). Un marasmo de tráfico como nunca he visto, las motos son como una pisada en un hormiguero, surgen de todos lados y sin ningún sentido aparente, viendo y oyendo como se mueven por las calles sería de suponer que gastan más bocinas que pastillas de freno. Nunca frena porque siempre encuentran un huequito por el que pasar. Cruzar la calle es otra odisea, nadie va parar por mucha señal que lo indique, lo solución es meterse entre la masa de peatones y parar y continuar cuando el conjunto así lo decide.

Hoy ha sido una toma de contacto por la zonas próximas al hotel. Hemos podido comprobar lo rica que está su comida, en esos puestos a pie de calle de Bui Vien, y sobre todo lo barata que es su cerveza. Algo que para algunos viajeros, como yo, es esencial en la visita a cualquier país. Callejones, tiendas y las calles inundadas de gentes. Un lugar ideal para sacar fotos y sobre todo, una gente muy amable y atenta. Algo que se echaba de menos en Istanbul y que aquí irradia, la sonrisa de las personas.

Ah! y fotos....muchas fotos.

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